martes, 4 de agosto de 2015

Reseña del anime Death Parade


DEATH PARADE



Antes que nada me gustaría enfatizar una de las mejores cosas que se ocultan detrás de este anime, y es que fue fruto de un proyecto maravilloso por parte del gobierno japonés llamado Young Animator Training Project dedicado a  jóvenes animadores para que se atrevan a incentivar el mundo de la animación. Gracias a este proyecto fue financiado un corto llamado Death Billiards, el cual fue uno de los cuatro mejores cortos presentados en el Anime Mirai 2013 y, gracias a ello, basaron en él este anime. 

Intentaré hacer el menor spoiler posible, pido disculpas de antemano si en el transcurso de la reseña se me pudiera escapar algún detalle que alguno creáis relevante. Como es obvio, no desvelaré el final.

La sinopsis que casi todas las páginas de anime nos dan nos revela ya de qué va a tratar este anime, pero por supuesto, no del todo. La sinopsis nos da una primera idea de lo que va a ser el anime: una serie episódica en la que en cada capítulo habrá casos distintos con personajes distintos. Durante los primeros capítulos veremos como poco a poco esta primera hipótesis puede ser verídica, pero nada más lejos de la realidad, a medida que avancemos capítulo a capítulo nos iremos dando cuenta de que el mensaje y la verdadera trama que esconden se desarrollan a una velocidad que, en efecto, hace que nos parezca un anime episódico, hasta que en los últimos capítulos da un giro y trata en esencia el verdadero quid de la trama.

El personaje principal es Decim, camarero del bar donde transcurre la mayor parte del anime, Quindecim. Lo que en realidad esconde este sujeto, es su verdadera función: es juez de un tribunal al que acuden los muertos en el cual se juzga la pureza de sus almas y se valora si han de ir al cielo o al infierno. O esto es lo que acaba confesando a sus "clientes". La verdad es que no existe el cielo o el infierno, y que él será el encargado de juzgar si sus almas son dignas de reencarnarse o, por el contrario, merecen caer en el vacío, donde se sumirán en una eterna caída luchando contra todos sus sentimientos negativos, acompañados de la depresión, el arrepentimiento, y el miedo.

Para poder juzgar a sus almas con claridad, los jueces no pueden sentir emociones humanas, ya que esto podría dar lugar a un veredicto condicionado por ellas. Y para poder juzgarlos con claridad, hacen jugar a los clientes a un juego en el que pondrán en juego su vida con el fin de crear situaciones extremas y así conseguir sacar toda la oscuridad de sus almas, para poder juzgar con todos los datos sobre la mesa.


Las personas o clientes que van a ser juzgados, no recuerdan nada acerca de su muerte, y es por ello que en el Quindecim les obligan a jugar por sus vidas, ya que no recuerdan haber muerto. Sin embargo, hubo una excepción.

Junto con Decim se encuentra su asistente, una chica humana que nada más entrar en el bar recordó que había muerto, pero no pudo recordar nada más, ni cómo murió, ni su nombre, ni su pasado, nada. A causa de esto, a Decim le fue imposible juzgarla, ya que algo imprescindible para juzgar a alguien es que no recuerde haber muerto, y así poder engañarle para que arriesgue su vida en un juego. Esta asistente, que en un principio parecerá no influir demasiado en la trama, resultará imprescindible para ella.

Sin embargo, uno de los puntos flacos del anime es el carente desarrollo del resto de personajes. El único que podría estar algo trabajado, pero lejos de estar plenamente estructurado, sería Nona, la gerente del edificio en el cual los jueces deciden el destino de las almas. Nona no aparece demasiado, y lo poco que aparece no da mucho de sí en cuanto a profundidad de personajes se refiere. Sin embargo, si se aprecia que siente curiosidad y cierto apego a Decim, ya que este se cuestiona si la forma en la que juzgan a los muertos, sin emociones humanas, es la correcta.
El resto de personajes principales que aparecen en el anime tienen un trasfondo que, en mi opinión, apenas merece ser mencionado, ya que está tan poco elaborado que realmente poco importan con respecto al desarrollo de la trama.


En cada capítulo iremos viendo como llegan clientes nuevos al bar Quindecim, quienes no se esperan en absoluto lo que se les viene encima. Estos llegan por parejas, cada pareja ha muerto al mismo tiempo y deberán jugar al Death Game en el que, según les cuentan, deberán jugar por su vida. El tipo de juego será decidido mediante una ruleta, y en cada juego podremos ver como las emociones más fuertes de las personas van saliendo a la luz, tales como el amor, la venganza, el miedo o la supervivencia entre muchos otros. Dependiendo de su reacción ante las condiciones extremas del juego, Decim juzgará si merecen ser reencarnados o deben perecer en el vacío.

En un principio Decim siempre ha seguido las indicaciones que su jefa, Nona, le daba para hacer salir la oscuridad del alma de las personas, sin embargo, desde la llegada de su asistente humana, Decim empezó a cuestionarse si el obligar a las personas a sacar su lado más oscuro, sin tener conocimiento de las emociones humanas o de saber lo que significa vivir, era la forma correcta de seleccionar un correcto veredicto. A causa de esto Nona empieza a interesarse en él y a no quitarle la vista de encima, pendiente de si el camarero tiene realmente emociones.

El clímax de la trama llega en los capítulos finales, cuando la curiosidad de Decim por saber lo que significa la vida y por entender las emociones humanas llega a su auge a la hora de juzgar a su asistente, cuyo cuerpo humano, tras haber estado allí tanto tiempo comienza a no ser compatible en ese lugar donde los muertos no pueden permanecer demasiado. 



Todas las emociones que pueden apreciarse a lo largo del transcurso de este anime nos darán capítulos realmente emotivos. El final, sin lugar a dudas, es la mejor parte de la serie, es realmente emotivo y ensordecedor.

Algo que me parece curioso, por así decirlo, de este anime, es que los personajes episódicos, aquellos que solo aparecen en un capítulo, cobran una extrema importancia en la trama principal, al contrario que otros personajes que sí que aparecen con más periodicidad tales como Ginty o Clavis. De hecho, me la jugaría a decir que algunos, como Machiko, Mayu, o la pareja adolescente son casi tan importantes para la trama como lo son Decim y su asistente. Ellos son los que más valores y emociones nos van a influenciar, y quienes nos darán algunos de los capítulos más emotivos de la serie.




Y aquí llega mi valoración final.

En cuanto al opening, realmente tengo poco bueno que decir. Es un tipo de música que no le pega nada a lo que el anime intenta transmitir. Y la verdad es que no me gusta, no sé por qué esta la gente tan loca con él ya que, a mi parecer, entre que no le pega nada y que el cantante no es que tenga la mejor voz del mundo, creo que sobraba bastante.

El ending por el contrario me parece magnífico. Está en un tono mucho más acorde a la trama, es más dramático, creo que ese sí que le pega por completo, además de las imagenes que aparecen durante la canción en el ending estándar creo que también hacen un trabajo ejemplar.

En cuanto a la OST en general, no tengo nada malo que decir, me gusta mucho como han compaginado las canciones con escenas del anime. Destacar entre ellas Moonlit Night, la cual me parece una canción simplemente preciosa, y hace increíblemente maravilloso uno de los momentos más importantes de todo el anime, cuando la asistente patina sobre hielo. Desde luego, creo que esa escena es inolvidable, la compaginación entre la OST, la escena, lo que pasa en ella y lo que transmite es de sobresaliente.

Creo que este anime nos enseña una forma de ver la vida que estoy segura que muchos no nos planteamos muy a menudo. Representa unos valores y un aprecio a la vida que, sobre todo, la gente joven no tiene muy en cuenta. Nos muestra como ignoramos el hecho de que vamos a morir la mayor parte del transcurso de nuestra vida pero que, cuando vemos que estamos a punto de perderla, es cuando la valoramos realmente y nos aferramos a ella más que a nada.

Aunque no soy muy fan del transcurso de tramas lentas, este anime ha conseguido entretenerme hasta el final ya que, aunque no se trataba lo principal explícitamente, al final te dabas cuenta de como en cada caso había algo que resultaba ser realmente trascendente a la hora de la verdad.

Recomendaría esta serie a aquellos que os podéis sentir algo perdidos en la vida, que creéis que no tiene sentido o no tenéis ningún objetivo claro en ella, ya que os hará ver lo verdaderamente importante de vivir y estoy segura de que a vosotros más que nadie os va a tocar de fondo los temas que trata este anime, el cual creo que en mayor o menor medida podría ayudaros.

Valoración: 7/10

- Hagane               




lunes, 3 de agosto de 2015

domingo, 2 de agosto de 2015

¡Relato ganador de nuestro primer concurso de relatos!

AYUMU

por Dagro
(@VictorDagroGame)

¡Por fin habían subido en la “lomocotora”! A Ayumu le encantaba la “lomocotora”. “Es locomotora”, le había replicado siempre Mamá. Pero a él le daba igual. Le gustaba “lomocotora”. ¡Nadie podría obligarle jamás a no decir “lomocotora”! “¡Cuando sea emperador, cambiaré el nombre por
“lomocotora”!” contestaba cada vez que Mamá le replicaba. Pero, ah, no siempre quería ser emperador. A veces soñaba con ser piloto, otras, con ser un general. También había imaginado que era montañero o explorador. Mamá le decía que soñaba tanto por su nombre. “Ayumu”, como los sueños y los anhelos, como los caminos que conducen a las fantasías más hermosas que cualquier niño de cinco años como él pudiera tener.

Papá les guió a Mamá y a él al pequeño salón que habían reservado. Dos sillones se enfrentaban entre sí a ambos lados de un enorme ventanal. Encima de ambos, unas bandejas de madera en los que Papá subió las maletas que llevaban. Ayumu corrió al asiento de la derecha y se sentó todo lo pegado que pudo a la ventana. A continuación miró a Mamá, cuya mirada no parecía tan jovial como de costumbre.

-¿Ocurre algo, Mamá?- preguntó el pequeño.

Mamá esbozó una débil sonrisa y se sentó a su lado.

-No, Ayumu.- respondió mientras le acariciaba su cabeza poblada de negros y lacios cabellos.- Quiero asegurarme de llegar puntuales, eso es todo.

Él sonrió ampliamente y volvió su vista al ventanal mientras mecía sus piernecitas adelante y atrás.
.
Papá se sentó en frente y comenzaron a moverse.

El traqueteo, al principio lento, era cada vez más frecuente, iba más veloz. Los detalles bien definidos del paisaje que se encontraba al otro lado del cristal comenzaban poco a poco a difuminarse en una estela de movimiento. Mientras los arbustos cercanos se emborronaban, las lejanas montañas parecían arrastrarse con lentitud, tomándose su tiempo para desplazarse. “Tardonas”, pensó Ayumu.

El pequeño comenzó a sumergirse en sus fantasías y recuerdos. Recordó cuando hicieron figuras de arcilla en el jardín de infancia, hace unas semanas. Profesora era muy simpática. “¡Mira, Profesora! ¡He hecho un samurái!” le dijo Ayumu, orgulloso de mostrarle la obra de arte que había creado. “¡Vaya, Ayumu! Eres todo un artista. Podrías volverte famoso.” “Bueno… Tal vez después de ser montañero.” le había respondido él, a lo que Profesora había contestado con una cantarina carcajada. Pero hace tres días Mamá y Papá no le habían dejado volver a la escuela. Decían que Profesora se había ido de vacaciones. Ayumu la echaba de menos y esperaba que se lo estuviera pasando realmente bien.

El sol asomaba tímido entre las montañas. Ayumu nunca se había levantado tan temprano.

-¿Crees que tendremos problemas para llegar al puerto?- le preguntó entonces Mamá a Papá, sacando al pequeño de su ensimismamiento.

-No hay problema. No dejarán que se acerquen.- respondió él.

Ambos se fijaron en Ayumu, el cual estaba pendiente de su conversación. Mamá convirtió su seriedad en una amplia y tranquilizadora sonrisa.

-Ayumu. Dentro de unos días será tu cumpleaños.- le dio un beso en la cabeza.

-Sí.- respondió Ayumu, orgulloso.- Seis años. Me convertiré en todo un hombre.

Mamá y Papá se rieron. No sabía por qué estaban tan preocupados. La “lomocotora” nunca llegaba tarde. Era puntual y profesional. Como él.

-Mamá.- dijo entonces.- ¿Podría ser conductor de “lomocotoras”?

-Claro, Ayumu. Podrás ser todo lo que quieras si luchas por ello. Aún te queda mucho tiempo.

Y entonces pararon.

Las sonrisas de Mamá y Papá se borraron casi al instante. Papá se levantó alzando levemente la mano en un gesto tranquilizador y salió del saloncito. En el exterior se oían voces. Parecían voces enfadadas.

Ayumu fue a abrir la ventana para asomarse, pero Mamá le frenó.

-No, Ayumu. No abras.

Hizo pucheros.

-¿Por qué?

-Te puedes caer.

-¡No me caigo! ¡Soy un “porfecional”!

Mamá sonrió.

-Profesional, Ayumu.

El niño se cruzó de brazos.

-Todas las palabras están mal. Cuando sea emperador, las cambiaré.

De repente se oyeron extraños sonidos que le recordaban a Ayumu cuando Papá encendía los fuegos mágicos de las fiestas de verano. Pero estos no sonaban con tanto ritmo. Eran erráticos, aleatorios. Y eran coreados por gritos y chillidos. Mamá cogió a Ayumu en brazos antes de que éste pudiera siquiera preguntar y salió corriendo del saloncito, dirigiéndose a la dirección opuesta a la que se había ido Papá.

-¡Mamá! ¡Papá estará preocupado!- exclamó Ayumu mientras veía por encima del hombro de ella cómo se alejaban del saloncito.

Ella no respondió.

Siguieron corriendo, pasaron al siguiente vagón a un ritmo frenético, Ayumu no paraba de botar en el regazo de Mamá. En el siguiente vagón no había saloncitos, había muchos asientos llenos de gente que se levantaba, curiosa y asustada. Mamá no paraba, apartaba a la gente a empujones y la gente parecía disgustada.

-¿A dónde vamos, Mamá?- preguntó Ayumu.

-Lejos, mi vida, muy lejos.

Siguiente vagón. Éste tenía un pasillo con muchas puertas a los lados. Y se oyeron más fuegos mágicos. Esta vez venían del sitio al que iban. Mamá frenó de golpe y dio media vuelta. Más fuegos y gritos. Venían del vagón que habían dejado atrás. Parecían estar muy cerca. Mamá estuvo quieta unos instantes que parecían eternos. Entonces abrió una de las puertas y dejó a Ayumu dentro.
Era un pequeño armario lleno de maletas bien colocadas y otros utensilios que Ayumu no reconocía. Mamá le miraba desde el otro lado mientras sujetaba la puerta. Su sonrisa era cálida y tranquilizadora, pero sus ojos brillaban de miedo, como cuando Papá le contaba a él historias de fantasmas.

-¿Has visto un fantasma, Mamá?- le preguntó.

Ella se arrodilló ante él y le abrazó con fuerza. Luego le dio un beso en su redondeada naricita.

-Tienes que ser fuerte, Ayumu.- le dijo. Tienes que ser muy fuerte.

Antes de que él fuera a contestar, se levantó y cerró la puerta, quedándose fuera.

Ayumu no veía nada, estaba todo a oscuras. Oyó fuegos mágicos en el exterior. Estaban muy cerca. La voz de Mamá. Parecía llorar, chillar, suplicar. Y silencio. Ayumu se quedó muy quieto. Su corazón latía con fuerza.

-¿Mamá…?- murmuró con apenas un hilillo de voz.

Se oyeron unos pasos fuera. Un golpe. Era cercano, pero no era en su puerta. Seguramente alguien estaba abriendo el resto. Y entonces su puerta se abrió con un fuerte estruendo.

El niño miró al hombre que estaba ante él. Vestía un uniforme parecido al de los valientes samuráis que luchaban por el Emperador, pero de distinto color. Llevaba un casco en la cabeza y le apuntó a Ayumu con algo que no alcanzó a distinguir a causa de la oscuridad. Los rasgos de aquel hombre no se veían por estar a contraluz con el exterior. Pero se iluminaron momentáneamente cuando aquella herramienta produjo un destello y un sonido similar al de los fuegos mágicos. Ayumu recibió un fuerte golpe en la barriga.

Ese hombre no era muy distinto a él. Sus ojos eran iguales. El color de su piel también. Ayumu se llevó las manos a su barriguita. Estaba empapada en sangre. Entonces se asustó. Respiró de forma entrecortada. Sus ojos se humedecieron, sus mejillas se regaron de lágrimas. Tenía miedo. Y Mamá se había ido. ¿Dónde se había ido?

-Mamá…- repitió, mirando a aquel hombre, el cual le devolvía una expresión llena de odio, de ira.

¿Qué le había hecho Ayumu para que ese hombre estuviera tan enfadado? ¿Se había portado mal?

Entonces supo que no sería montañero. Que no sería aventurero. No sería emperador, ni piloto. No sería conductor de “lomocotoras”. No. Ni siquiera sería un hombre. Jamás cumpliría seis años.

Apenas le quedaban fuerzas, estaba a punto de desplomarse sobre sus pequeñas rodillas. Pero consiguió murmurar tenuemente…

-No quiero morir.

Otro destello.

Y nada más.